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Monday, May 5, 2008



La perfección no existe, y menos en el tenis". Eso es lo que dijo Rafael Nadal pocos minutos después de ganar a David Ferrer por 6-1, 4-6 y 6-1 en la final del Open Sabadell Atlántico. Pero si alguien es capaz de acercarse a ese estado de gracia sobre una pista de tierra, ese no es otro que el campeón español.
Los 7.800 espectadores que abarrotaron la central del RCT Barcelona pudieron comprobarlo en directo, y Ferrer sufrirlo en la pista. En el primer set Nadal no le dejó ni respirar. Ferrer entró con las ideas muy claras de cómo jugar. "Darlo todo y presionarle", dijo convencido. Pero una cosa es lo que había planeado y otra distinta ponerlo en práctica ante Nadal. En 32 minutos, casi sin enterarse, Ferrer ya había cedido el primer set. Nadie diría que el alicantino es el número 5 del mundo. Ahí, colocado dos metros por detrás de la línea de fondo remaba, impotente, de un lado al otro de la pista, casi sin tiempo para respirar. "Afloja un poco, que es amigo", gritó un espectador. Nadal dominaba a placer. "El tenis es algo sencillo. Si tu avanzas, el otro retrocede. No hay que perder pista, hay que conseguir que sienta que la bola le viene cada vez más rápido y fuerte", explicó Nadal.

RITMO INFERNAL
Y eso fue lo que hizo. Cualquier otro se habría entregado ante aquel festival. Pero Ferrer no. Era su primera final del Godó. había soñado con ese momento desde que venía al torneo con sus padres con solo siete años. Además, sentía que no estaba jugando mal. Confiaba que el ciclón que tenía enfrente pararía. Y, si no, lo intentaría frenar él. Ferrer dio un paso adelante para jugar más agresivo y valiente. Era la única forma de dar batalla. Lo consiguió. Después de 38 minutos logró el primer break point y le arrebató el servicio a Nadal para empezar la segunda manga con ventaja. Su derecha empezaba a hacer daño y Nadal sufría. Así mantuvo la ventaja en el marcador: 0-2 y 2-4.
El ritmo era infernal. Nadal sufría. "En todos los partidos se sufre, pero hay que aguantar y esperar", dijo el número 2 del mundo, consciente de que lo más importante era aguantar de cabeza. Y en eso a Nadal no hay quien lo gane. Así pudo igualar 4-4 y aunque Ferrer salvó la situación para apuntarse esa manga (la primera que perdía Nadal en el torneo desde el año 2006, en que cedió un set a Nieminen), Nadal entró confiado en el set decisivo. Rompió el servicio en la primera ocasión y cuando Ferrer quiso darse cuenta tenía un 5-0 en contra. Solo pudo evitar el rosco.

RESIGNACIÓN
"Los tres primeros juegos del tercer set han sido muy disputados, pero han caído de su lado y, ahí me he derrumbado" aceptó con resignación Ferrer, que a pesar de la derrota estaba contento: "Hoy se ha visto a un grandísimo Nadal. De todos los partidos que he jugado contra él, este ha sido el mejor. Está a un nivel superior al resto y con él así hay que jugar al máximo y esperar que suene la flauta".
Pero ayer no sonó. Nadal no lo permitió. La tierra es su territorio y el Godó, el torneo de casa. Ayer se apuntó el cuarto título consecutivo, algo que nadie había logrado desde que se creó en 1953, superando al sueco Mats Wilander, que había ganado tres seguidos entre 1982 y 1984. El triunfo, además, le permite colocarse al frente de la Carrera de Campeones (ver gráfico) por delante del serbio Novak Djokovic y del suizo Roger Federer. No solo eso. Desde que ha vuelto a pisar tierra, Nadal no conoce la derrota y ya ha ganado dos títulos. La perfección quizás es imposible, pero como Nadal dijo ayer, "mejor no podía salir".

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